El Art Noveau siempre me ha hipnotizado. Recuerdo mi primera visita a la Casa Lis, con su techo de cristal, sus aterradoras muñecas, las criselefantinas en movimiento y todas las libélulas. También el dibujo de una marca de perfume que mi padre hizo para mi madre y que estaba colgado tras la puerta del teléfono, de modo que siempre había una mujer desnuda que no perdía detalle de todos los secretos que contábamos por él. Y recuerdo la primera vez que me crucé con un cuadro de Klimt. Obviamente fue "El beso", y el amarillo, las líneas rectas y la extraña postura de los protagonistas me llamaron mucho la atención. En seguida busqué más y me encontré con "La expectación", "Las edades de la mujer" y con "El árbol de la vida". Y no soy la única a la que las dulces caras pálidas de sus cuadros, que aparecen como flotando en mitad de cientos de formas geométricas y oro bizantino le cautivan, porque en 2023 "Mujer con abanico" se convirtió e...