LOS HOMBRES GRISES
Últimamente me parece que estamos viviendo en una distopía y puede ser porque, para algunos de los que organizan el mundo, las historias distópicas son libros de instrucciones, porque si no, no lo entiendo. Entre todas las cosas que alguien imaginó que podrían ocurrir, una que se me viene mucho a la cabeza es "Momo", de Michael Ende. Y sus hombres grises. Esas figuras que aparecen de repente y empiezan a comerciar con algo a lo que no le damos importancia porque siempre está ahí, siempre se genera más: el tiempo; con el argumento de guardarlo para el futuro, como los ahorros para la jubilación. La premisa es verdad, siempre se genera más, pero la parte en la que nadie parece fijarse es que el tiempo es finito, no tenemos una eternidad para recuperar lo que no utilicemos bien, lo que podríamos considerar tiempo perdido. Y aquí está la mentira resumida, aunque disfrazada con razonamientos técnicos: tenemos que dar nuestro tiempo a cambio de un bienestar que, aunque te repiten...