Aquí os presento las nuevas adquisiciones que han llegado estas navidades para subir la altura de mi pila de lecturas pendientes. ¡Les tengo tantas ganas a todos ellos!
Otro año más que empieza llenito de música. Muchas gracias a todos por animarme el cumple. Os quiero. https://www.youtube.com/watch?v=inS9gAgSENE&list=PL4rNvMzg4xLBq8r441P_OZQBfLo24QDLd https://open.spotify.com/playlist/5PsTlyGQQsN8QMujLUcKc9
La casualidad es así. Me encontré caminando un día por las calles de Burgos, admirando su preciosa catedral desde todos los ángulos posibles. Recorrí sus recovecos una y otra vez. Y encontré una tienda cerrada en la que quería entrar. Tendría que esperar un par de horas. Subí al castillo que vigila la ciudad y bajé de nuevo. Pero aquella tienda no había abierto a su hora. ¿Sería que aquel día descansaban sus dueños? Decidí esperar un poco más y darle una última oportunidad. Callejeé un poco más y pregunté por el Cid, que se escapaba de mí montado en su caballo, y una burgalesa amable me mostró el camino. Lo encontraría paseando más allá de los árboles del Espolón, pero eso me alejaba del laberinto de esa zona de la cuidad por la que me estaba moviendo. Así que decidí probar suerte por última vez con aquella tienda. Empecé a recorrer las mismas calles por las que ya había pasado varias veces, pero esta vez mis ojos se fijaron en algo nuevo. PASEN Y VEAN ...
Comienzo a imaginar y pienso… Pienso cómo sería todo si hubiese sido Cenicienta. Probablemente no me habría ido a las doce a casa. Demasiado pronto, demasiado borracha, demasiados sueños cumplidos… Y a las doce perdería mi vestido, mi carroza y desaparecerían los zapatos de cristal que demostraban que soy especial. Volvería a ser una chica más y el príncipe no me encontraría en la fiesta sin la ropa, ni el peinado, ni el maquillaje. De haber sido Blancanieves, ningún príncipe habría ido a llorar sobre mi tumba de cristal y quedaría como estoy ahora, quieta, callada, con algo ahogándome en la garganta, muerta sin poder chillar. Sé que un guisante no me despertaría, ni podría vivir cautiva hilando oro por un simple enano, ni siquiera mi pelo pasa nunca de los hombros, así que tampoco nadie trepará por él… Y digo yo, ahora que lo pienso, no quiero vivir en un cuento, porque cada vez que te besase te convertirías en príncipe. ¡Ay, madre! ¡Qué iba a hacer yo sin poder be...
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