Aquí os presento las nuevas adquisiciones que han llegado estas navidades para subir la altura de mi pila de lecturas pendientes. ¡Les tengo tantas ganas a todos ellos!
Un año más tengo que agradeceros que compartáis tantos momentos conmigo y que me sigáis mandando canciones para ampliar mi cultura musical un año más. Aquí tenéis el resultado: https://www.youtube.com/playlist?list=PL4rNvMzg4xLDHa7_dbnjyFzW3PQYscmTe https://open.spotify.com/playlist/1bfWSEwuAYcM63ZAQmi72Z Por si no lo sabéis, os quiero, mi gente.
Cuando esté triste llévame hasta el mar. Llévame a sentir el frío en los huesos y la sal en los ojos. A que el sonido de las olas rompiendo en la orilla se me meta dentro y resuene en mi interior hasta deshacer el nudo en la garganta. Llévame como hiciste entonces, cuando había pasado demasiado tiempo lejos de la costa. Y siéntate en la orilla, agarrado a mi mano como si estuviésemos esperando que la brisa haga nuestro amor más eterno que el de Annabel Lee.
La casualidad es así. Me encontré caminando un día por las calles de Burgos, admirando su preciosa catedral desde todos los ángulos posibles. Recorrí sus recovecos una y otra vez. Y encontré una tienda cerrada en la que quería entrar. Tendría que esperar un par de horas. Subí al castillo que vigila la ciudad y bajé de nuevo. Pero aquella tienda no había abierto a su hora. ¿Sería que aquel día descansaban sus dueños? Decidí esperar un poco más y darle una última oportunidad. Callejeé un poco más y pregunté por el Cid, que se escapaba de mí montado en su caballo, y una burgalesa amable me mostró el camino. Lo encontraría paseando más allá de los árboles del Espolón, pero eso me alejaba del laberinto de esa zona de la cuidad por la que me estaba moviendo. Así que decidí probar suerte por última vez con aquella tienda. Empecé a recorrer las mismas calles por las que ya había pasado varias veces, pero esta vez mis ojos se fijaron en algo nuevo. PASEN Y VEAN ...
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