ENCONTRAR EL EQUILIBRIO NO ES CONTROLAR EL MAR
El cuento que publiqué la semana pasada era un ejercicio de narración simbólica, basado en Jung. Con las dos primeras frases tenía que construir una historia, breve, no muy adornada, más o menos lo primero que se me pasara por la cabeza.
Después, esa historia se analiza para sacar a la luz lo que nuestro inconsciente ha puesto en ella, y que le sirva al consciente. Lo primero, se buscan los protagonistas del cuento: el niño, la anciana y el mar, y se relacionan con arquetipos universales: el inocente, la sabia, la vida.
El arquetipo del inocente es optimista, quiere conseguir lo que los demás no pudieron, pero sin ayuda y sin calibrar los riesgos, podría convertirse fácilmente en un sacrificio. Igual que pensar en los demás antes que en uno mismo.
El arquetipo del sabio conoce el origen de todo, sabe el punto exacto en el que se perdió el equilibrio, cuando ella congeló la vida por dolor. El problema es que no solo se detuvo para ella, sino que su herida se transmitió con su sangre y todos sus descendientes padecieron un dolor que no entendían, porque no era suyo, hasta que el niño se siente responsable de la herida ajena y se lanza a repetir el destino que lo empezó todo.
Luego se analiza la historia. Porque aunque el gesto del niño es el detonante, el verdadero cambio radica en lo que hace la anciana. Ella decide afrontar su pérdida, aceptar que no puede controlar la vida y pedir perdón.
Y por último, y ahí llega la magia, se saca una enseñanza. Pero esa no os la voy a contar, sacad vuestras propias conclusiones y me contáis vosotros...

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