LOS HOMBRES GRISES

 


Últimamente me parece que estamos viviendo en una distopía y puede ser porque, para algunos de los que organizan el mundo, las historias distópicas son libros de instrucciones, porque si no, no lo entiendo.

Entre todas las cosas que alguien imaginó que podrían ocurrir, una que se me viene mucho a la cabeza es "Momo", de Michael Ende. Y sus hombres grises. Esas figuras que aparecen de repente y empiezan a comerciar con algo a lo que no le damos importancia porque siempre está ahí, siempre se genera más: el tiempo; con el argumento de guardarlo para el futuro, como los ahorros para la jubilación.

La premisa es verdad, siempre se genera más, pero la parte en la que nadie parece fijarse es que el tiempo es finito, no tenemos una eternidad para recuperar lo que no utilicemos bien, lo que podríamos considerar tiempo perdido.

Y aquí está la mentira resumida, aunque disfrazada con razonamientos técnicos: tenemos que dar nuestro tiempo a cambio de un bienestar que, aunque te repiten mucho, nunca se deja ver del todo. Tenemos que trabajar en un horario de ocho horas y jornada partida sin revisión, incluso aunque acabemos el trabajo en cinco horas y el resto lo pasemos mirando el reloj o scroleando el móvil. Trabajando en el hospital me encontré con la paradoja de que los mismos médicos que tienen que sufrir guardias de veinticuatro horas, hacen esperar a los pacientes para espaciarlos a lo largo de su jornada laboral y no quedarse con tiempos muertos al final. Porque todos acabamos entrando en la rueda que nos marcan.

Pero... si lo que he dicho ya viene de lejos, entonces, ¿por qué tengo la sensación de que durante el confinamiento de la pandemia algún super villano consiguió robar horas de nuestros días y adaptar nuestros relojes para que no nos diésemos cuenta? ¿Por qué ahora cada día me es insuficiente para lo que tengo que hacer y parece que vivo en una continua huida hacia adelante?

Creo que esta semana, por fin, he dado con la respuesta: el problema está en un mundo cada vez más informatizado. La mentira que nos cuentan es que lo digital facilita nuestra vida y hasta que la mejora, y no pongo en duda que existen avances que son una ventaja de la leche para el mundo. Pero no son los que manejamos a nivel usuario.

A nosotros nos venden, por ejemplo, que "podemos hacer los trámites por internet para no tener que desplazarnos", lo que supondría menos tiempo invertido en ellos. Pero la realidad es que, en la mayoría de los casos, lo único que se ahorra es el trabajo de quienes antes hacían esos trámites (y a la larga, que nunca miramos tan adelante, supondrá también el ahorro de esos puestos de trabajo). Mientras, la gente tiene que enfrentarse a páginas que no conoce y adivinar qué tiene que hacer para solicitar un documento, por ejemplo, y cómo hacerlo. Y eso suponiendo que la página a la que te dirigen no dé errores por las actualizaciones mal realizadas, como que no funcionen los botones de hipervínculo (tengo un par de amigos informáticos trabajando para grandes empresas que dicen que la estructura de las páginas que vemos está construida sobre un castillo inestable hecho con palillos). En ese caso, ese tiempo que supone que nos ahorraríamos, se convierte en horas o días de hablar con gente por mail o teléfono que en su mayoría no sabe arreglar el problema y te van pasando de unos a otros con la intención de que, cuando tengas que volver a llamar porque tu problema sigue ahí, no les entre a ellos la llamada.

Por no hablar de las máquinas que responden ahora al teléfono y te tienen quince minutos haciendo preguntas que no te llevan a ningún sitio, antes de pasarte con un operador humano (si es que lo consigues). Creo que todos sabéis de lo que hablo, y no entiendo cómo si todos vemos que las cosas cada vez funcionan peor, las empresas no hacen más que implementar cambios en ese sentido. Bueno, sí lo entiendo, porque se ahorran puestos de trabajo y tener que vigilar la calidad... Lo que no entiendo es cómo todos, vamos entrando en la rueda. Porque cuando en el párrafo anterior he dicho que nos venden que "podemos hacer trámites por internet", sería más correcto que para algunos de esos trámites ya no existe otra manera de hacerlo.

Y esta semana, que he tardado tres días en poder hacer un trámite porque la página para solicitar cita presencial no funciona bien y no me daban otra opción, y he acabado teniendo que instalar una app para hacerlo, que no quería (pero ellos sí), me han quedado claras dos cosas. La primera es que nos hemos metido de cabeza en la sociedad de los hombres grises y les regalamos nuestro tiempo, creyéndonos además que hemos mejorado en algo. Y no, amigos/as, todo ese tiempo es regalado, no vendido, y no nos aporta absolutamente nada. Y la segunda, que nosotros somos los que estamos permitiendo que el futuro vaya en esa dirección. 

Antes os contaba que trabajé en el hospital. Pues bien, después de estos tres días inmersa en un relato de Kafka, pensé en los protocolos que existen, por ejemplo, para radiografiar un brazo. El paciente, la placa y el tubo tienen que estar colocados de una determinada manera para que la imagen salga correcta. Pero, ¿qué pasa cuando hay un paciente con el brazo roto y el hombro luxado? ¿Le coloco el brazo en la posición que marca el protocolo, solo porque es el protocolo? Pues no, en ese caso me busco la vida para colocar la placa y el brazo de la forma menos dolorosa para el paciente, que permita al médico ver bien las lesiones para poder intervenir. Es decir, busco una alternativa para solucionar el problema. 

El caso es que si ahora nadie quiere molestarse en buscar alternativas, porque es más fácil colgar y que te atienda otro... ¿Qué va a pasar cuando necesitemos algo de verdad? Estaremos solos, para lo bueno y para lo malo, para lo que sabemos hacer y para lo que no. ¿No sería más fácil volver un poquito atrás y recordar que los clientes y pacientes son personas, como nosotros? ¿Que los que están al otro lado del teléfono o del mostrador no quieren molestarnos, solo solucionar unos problemas causados, en este caso, por una mala implementación de la tecnología?

No olvidéis que en "Momo", los hombres grises no solo se llevan vuestro tiempo. Al final, todos los personajes, menos Momo, se quedan solos, porque ya no tienen tiempo para estar con los demás. Pero todos piensan que en el futuro lo tendrán. Y ¿para qué quieren el tiempo en el futuro? Para disfrutar con la gente a la que quieren. ¿Veis la paradoja?

Pues si la veis, empezad a guardar tiempo para vosotros e invertirlo en disfrutar y compartirlo en el presente. Huid del gris.


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