ALAIN AUBERT

 


Alain Aubert se encuentra por pura casualidad con Fanny, una antigua compañera de clase en Nueva York, en una calle de París. ¿Casualidad o suerte?

La casualidad solo ha sido el encuentro, pero la suerte... un escritor se la fabrica él mismo. "Lo bueno del oficio de escritor", le dice a Fanny, "es que escoge sus horarios", así que puede acompañarla hasta el trabajo, ignorar que ha dicho que está casada y soltarle, como quien no quiere la cosa, que en Nueva York estaba loco por ella. Vamos, ir abonando el terreno para que ella no se quede dándole vueltas a lo que simplemente ha sido un casual encuentro fugaz con alguien del pasado, que se pregunte si su vida sería diferente de haber estado con él entonces. Y por diferente quiero decir mejor.

Ahí radica el arte de la escritura, en que lo que cuentas mantenga enganchado al lector y le deje con ganas de seguir tirando del hilo. 

Así, cuando llama a su trabajo para invitarla a comer un día de esa semana, ella le dice: "puedo hoy mismo". Pasean por el parque y se cuentan lo que les ha ocurrido desde que no se veían, sus trabajos y sus divorcios y él no se olvida de decirle que entonces ella era el centro de su mundo, y que se casó con su ex mujer porque se parecía a ella...

También le habla de su libro, en parte porque sabe que a Fanny siempre le han gustado los artistas, en parte porque está orgulloso de lo que hace y de su obra. Su libro habla de la relación entre un cantante y una percusionista en un club de jazz parisino. Y sobre la ironía del destino, sobre cómo estamos a merced del azar y de las casualidades... Una buena ocasión para recordar su propia casualidad y hacer la broma de que la mayor ironía sería que acabaran juntos. Vamos, reforzar la idea que Fanny ya tenía en mente". Semillas en el terreno abonado. 

El escritor, una vez que ha generado la curiosidad en el lector, tiene que hacer que se vea reflejado en la historia, la sienta como suya, se emocione con que pasa, que sufran como ellos, que se enamore del protagonista... Una empatía que hace que los personajes se conviertan en amigos a los que conocemos bien. Y de los que queremos saber más.

Así la despedida se convierte en "llámame otro día". Y ese día la excusa es que amenaza lluvia, así que la invita a su casa. Y cocina espaguetis boloñesa para ella. Y le deja leer unas páginas de su manuscrito, cosa que no ha hecho nadie más. Y llega el beso, las semillas que plantó floreciendo porque ella se siente querida, escuchada y valorada (cosa que no siente en su matrimonio), pero además, se siente importante para Alain, tanto como para confiarle su bien más preciado, un trozo de su alma y su ego todo. Ya no solo es la mujer, ni la amante, es la musa.

Y ahí está la magia de una buena historia, que te cuela en una realidad distinta mientras lo lees, te permite vivir diferentes situaciones sin sufrir las consecuencias, que consigue que mientras estás metido en la lectura, seas feliz.

Y como escritor, ¿qué más se puede pedir? Quizás... que no nos pille la ironía...


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